“Más allá de las estrellas”

Siempre me ha fascinado mirar al cielo en una noche clara donde las estrellas ganan todo su esplendor.

Se dice que la filosofía empezó gracias a las estrellas. Gracias a ese simple gesto de mirar, de observar, de buscar respuestas, de asombrarnos, y así hemos recorrido por nuestra historia.

Ese afán por descubrir es el que nos hace sentirnos vivos. Porque cuando nos asombramos, cuando admiramos, cuando nos maravillamos, crecemos.

Ya Aristóteles consideraba que el origen del pensamiento se encontraba en la admiración o “thaumazein”. El origen de todo estaría en el ver o mirar, en admirar.

El amor al conocimiento es lo que nos hace grandes. Mantener viva esa curiosidad con la que nacemos es lo que hace que mantengamos la motivación en la vida.

No hablo de esa curiosidad morbosa que a todos nos mueve en determinados momentos y aspectos de nuestras vidas y que hoy está tan de moda en las RRSS y en la prensa sensacionalista. Donde te puedes encontrar juicios, comentarios, noticias, vacíos de contenido, llenos de rabia, de falta de respeto, de falta de rigurosidad en el tratamiento de la información que allí se plasma.

Estoy cansada de ver con la ligereza que se suelen hacer comentarios hirientes hacia terceros, agazapados detrás de una red social que, en teoría, nos protege, sin pensar en las consecuencias que puedan acarrear.

Y pregunto, por qué no nos paramos a reflexionar sobre las consecuencias en el otro antes de lanzar ese juicio, esa opinión? no sería más fácil emitir juicios desde el respeto, desde la valoración de las consecuencias de las manifestaciones que se publican? Nos estamos acostumbrando a no ver más allá de la simple apariencia del otro,  sin entrar a valorar lo que le haya podido mover o motivar, o valorar su propia que puede ser mucho más de su mera apariencia.

Y si ya, analizamos el mundo de la información, se me hace complicado afirmar que exista un mínimo de rigurosidad y un mínimo de ética profesional en determinada prensa sensacionalista que no busca la verdad sino el titular morboso. Estamos cayendo en la trampa sin darnos cuenta. Están haciéndonos pensar que, bajo el derecho a la libertad de expresión e información, estamos siendo debidamente informados.  Nos estamos sumergiendo en ése falso saber, en ése falso conocimiento de las cuestiones, en ése falso entendimiento. Lejanos los tiempos en los que aunque con cierto recelo, y poniendo en duda lo que leías hasta confrontarlo por otras vías, se trataba la información con rigurosidad, contrastando fuentes y contenidos antes de la publicación,  sin menoscabar el derecho al honor o a la imagen…

Me viene a mi memoria, a colación de todo esto, hacer mención a uno de los mensajes que lanza la película “Avatar”. Me refiero concretamente a cómo se saludan los seres que habitan este universo paralelo, “Te veo”. “Te respeto, te reconozco, te admiro, te honro…” No sólo viendo lo que aflora en tu superficie, sino lo que subyace en ella. Viendo tu esencia. Viendo quién eres. Y conectando contigo desde el ser…

Hacemos nosotros esto? Admiramos lo que nos aporta el otro? Le damos valor a lo que nos aporta el otro? O nos dedicamos a juzgarlo cuando, apreciamos alguna diferencia, algún comportamiento que no entra dentro de nuestro esquema mental? Entendemos que hay tantos esquemas mentales como personas?

Diría, que estamos viviendo tiempos convulsos. Tiempos en los que la teoría del todo vale es la que prima. Tiempos en los que juzgamos con demasiada premura. Tiempos donde la prisa es buena consejera. Tiempos de falsos titulares. Tiempos en los que la reflexión, la calma, el respeto, la prudencia brillan por su ausencia.

Cómo diría aquél,

Momentos en los que nada es lo que es.

Momentos en los que las mentiras ganan la guerra a las verdades.

Momentos en los que se han perdido las agallas.

Momentos en los que la única ley, es la Ley del Tesoro.

Momentos en los que el asesino sabe más de amor que el poeta.

Momentos de descréditos.

Momentos en los que no se recuerda el lugar de dónde se viene y hacia dónde se va.

Momentos del revés…

… en los que no estaría nada mal convertirnos en esos seres azules.

Por Patrícia Ruiz Galloso

 

 

 

 

 

 

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