La belleza de lo diferente

Introvertidos, siendo quienes son, probablemente tengan el impulso de guardar cuidadosamente lo que está dentro de su maleta. Y eso está bien. Pero ocasionalmente, sólo ocasionalmente, espero que abran su maleta para que otros la vean, porque el mundo los necesita, y necesita las cosas que llevan. Así que les deseo el mejor de los viajes posibles. Susan Cain, “El poder de los introvertidos”

Escuchar a esta señora me ha vuelto a remover y a la vez me ha servido de motor a escribiros este nuevo post. Con la única intención de abriros una vez más, “mi maleta” y enseñaros parte de mi “equipaje de vida”.

En este lugar declaro que, durante muchos años de mi vida, “el ser introvertida” me ha supuesto una gran losa. Pero hoy día, pasado el tiempo, y viéndolo con perspectiva, puedo decir, que me siento orgullosa de tener como un carácter de mi personalidad “la introversión” o “la timidez”. He conseguido convivir con ellas, incluso pactando el que no rebasen esos límites que me impidan realizar aquello que desee en cada momento de mi vida.

Os preguntaréis, y ¿cómo me hice Doctora Cum Laude en introversión? jajaj. Pues muy sencillo. De niña, vas escuchando, “es tímida, es muy introvertida”; “no habla mucho porque le da vergüenza, como es tímida”. En tu interior, vas creando un castillo, para que la creencia de cómo eres no se destruya. Así que, si mi círculo más cercano (papá, mamá, profesores, familiares…) decían “soy tímida”, pues llevarán razón. De esta forma, al castillo, le vas dando forma. Lo vas cimentando de actuaciones para demostrar que, efectivamente, “soy así, tímida, introvertida”. Al final, las palabras adquieren coherencia con la acción. Termino comunicándome poco, haciendo inmenso mi mundo interior, comiéndome mis sentimientos…para demostrar al mundo y a mí misma que efectivamente “soy introvertida”.

Durante muchos años lo he visto como algo negativo el haber sido o seguir siendo introvertida, tímida. Como en todo hay que buscar el equilibrio. Está claro, que cuando nos lleva a dejar de hacer, a dejar de cumplir nuestros sueños, está actuando de manera limitante. Y frente a eso, hay que actuar y plantarse. Pero, quizás se le debería también sacar su lado positivo. Quizás las personas con estas particularidades, cuidamos nuestro interior, tenemos un alto sentido de la responsabilidad, de la amistad, del buen hacer, nos apasione escribir, somos más creativo cuando estamos solos…

La forma en la que utilizamos el lenguaje es muy importante para determinar nuestros comportamientos y los de los otros. Cuando se cataloga a alguien por una sólo característica se está siendo parcial. Vivimos en una sociedad en la que, desde que nacemos hasta que morimos, etiquetar a las personas, parece ser necesario para poder identificar al otro.

Etiquetas, que únicamente son creencias que construyen otros de ti, sobre alguno de tus rasgos de personalidad, de tu físico, de tu ideología, de tu tendencia sexual, de tus gustos musicales…Pero que en nada, o en poco, tendrán que ver con lo que somos realmente.

Parece ser que en la sociedad en la que vivimos tenemos que ser todos iguales, según el estereotipo fijado. Y quien se salga de esa “normalidad imperante”, de ese rebaño, ya es visto como algo “raro”, como alguien que se sale del redil.  Olvidándonos que en la diferencia es donde radica la grandeza.

A los papás y a las mamás les diría que la sobreprotección no es buena. Que acepten los caracteres de sus hijos. Que los hagan fuertes por dentro. Que les hagan ver las cosas tan bellas que llevan dentro. Que fomenten su potencial. Que seguro que lo tienen…Todos los tenemos.

A los educadores, profesores y profesoras que desarrollen la empatía con y en los niños. Que intenten sacar aquello por lo que algún día brillarán. Que fomenten valores como la humildad, la determinación, el respeto, la escucha activa en las aulas. Y que cuando vean algún atisbo de burla hacia algo que puede hacer daño, que lo combatan hasta acabar con ello.

Si en casa y en la escuela educamos en base al respeto, las diferencias entre los semejantes serán tratadas y aceptadas con normalidad. Consiguiendo entre todos, sumar. Porque todos y cada uno de nosotros somos necesarios. Cada cual con su forma de ser, con sus ideas, con sus gustos…Es la única manera de conseguir hacerlos grandes como hombres y mujeres. Y grandes profesionales.

Ahora que mi hija crece, y le toca empezar a “socializarse”, espero estar a la altura, y dotarla de esa fuerza interior, potenciarla, para que, la etiqueten como la etiqueten, porque lo seguiremos haciendo, su esencia siempre gane la batalla!

Todos tenemos un mundo interior tan lleno de cosas bellas, que os invito a que lo visitéis. En muchos casos os sorprenderéis. Y si os apetece sacarlo al exterior, hacedlo. Si os apetece compartirlo con el exterior hacedlo. Siempre habrá alguien que te lo agradezca eternamente. Porque aunque somos todos diferentes, siempre nos gusta encontrar en el otro, aquello que nos asemeja, que nos conecta, que nos atrapa…

Dar las gracias a todas aquellas personas que me han rodeado en mi camino. De todas, de cada una de ellas, aprendí algo. A las que siguen estando por voluntad propia, gracias, por seguir aquí, soportándome. Y a las que no están, por circunstancias del destino, gracias por la herencia dejada.

A los que se incorporen a partir de ahora, les doy la bienvenida. Les prometo que alcanzaremos la belleza de lo diferente…

Susan Cain, “El poder de los introvertidos” https://www.youtube.com/watch?v=KjIGgnkcg80

Por Patricia Ruiz Galloso

 

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